El daño que no se ve: por qué la corrosión se convierte en una carrera contra el tiempo tras un siniestro

5 de agosto de 2026

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Por André Feiferis, ingeniero mecánico y químico, y Amir Rubin, director de la línea de servicios.

Cuando se produce un incendio, se activan los rociadores o se produce una entrada significativa de agua, la atención se centra naturalmente en los daños visibles. Se inicia la limpieza de escombros, se realizan inventarios y las partes interesadas trabajan para comprender el alcance de los daños. Lo que a menudo se pasa por alto son los daños que comienzan casi inmediatamente bajo la superficie. Mucho después de que se hayan extinguido las llamas o se haya eliminado el agua estancada, pueden quedar contaminantes corrosivos en las superficies metálicas, los componentes eléctricos y los equipos críticos. Estos contaminantes desencadenan reacciones electroquímicas que siguen acelerando los daños día tras día. Tanto para los propietarios como para las aseguradoras, esto supone un reto importante: el estado de los equipos puede deteriorarse rápidamente mientras aún se debaten las decisiones sobre las reclamaciones, la planificación de la recuperación y las estrategias de reparación.

Por qué es importante el tiempo

Muchas organizaciones dan por sentado que, una vez eliminada el agua visible, la amenaza inmediata ha desaparecido. En realidad, la elevada humedad, los residuos de hollín y la contaminación por cloruro pueden seguir favoreciendo la corrosión incluso cuando los equipos parecen estar secos. Lo que comienza como un daño microscópico puede convertirse rápidamente en una corrosión localizada grave, que pone en peligro los sistemas mecánicos, los equipos eléctricos y los componentes de precisión. El resultado suele ser un aumento evitable de la gravedad de las pérdidas.

Un cambio de la reacción a la mitigación

Una de las lecciones más importantes que se desprenden de las investigaciones forenses es que la corrosión no se detiene mientras las partes interesadas evalúan las opciones. El proceso de corrosión continúa, independientemente de que se hayan tomado o no las decisiones definitivas sobre la recuperación. Por eso deben considerarse lo antes posible medidas proactivas de mitigación, como controles ambientales, deshumidificación, inhibidores de corrosión y eliminación de la contaminación. Estas medidas pueden ralentizar o detener el deterioro en curso mientras se elaboran los planes de recuperación a largo plazo.

La importancia de la evaluación técnica temprana

Determinar si la corrosión está relacionada con un daño reciente o si ya existía previamente requiere una evaluación científica, no suposiciones. Las técnicas forenses avanzadas permiten a los ingenieros y especialistas en materiales identificar el origen, la gravedad y la progresión de la corrosión, al tiempo que proporcionan pruebas objetivas que respaldan las decisiones sobre la recuperación. Al comprender los mecanismos que provocan la corrosión y actuar con rapidez, las partes interesadas suelen poder preservar los activos críticos, reducir el tiempo de inactividad y evitar la sustitución innecesaria de equipos.

Conclusión

En situaciones posteriores a un siniestro, la mayor amenaza suele ser el daño que aún no se puede ver. La corrosión es un proceso en el que el tiempo es un factor clave. Cuanto antes se detecte la contaminación y se apliquen medidas de mitigación, mayores serán las posibilidades de proteger los equipos, controlar los costes y garantizar el éxito de la recuperación.

Lee el artículo completoaquí: https://www.efiglobal.com/wp-content/uploads/2026/08/Anatomy-of-Accelerated-Corrosion-_-Full-Paper.pdf.

Etiquetas: corrosión, daños, daños materiales