Por qué las fábricas siguen utilizando ordenadores antiguos con DOS, Windows 95, 98 y XP en sus operaciones industriales

26 de junio de 2026

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Por Amir Ruben, director de la línea de servicios; Mitchell Duran, ingeniero mecánico forense

Entra en casi cualquier planta de fabricación y, tarde o temprano, lo encontrarás: un ordenador con Windows XP, 95 o incluso DOS, que sigue en uso y sigue siendo fundamental para las operaciones.

A primera vista, parece anticuado, pero en entornos industriales, ese «ordenador viejo» rara vez es solo un ordenador. Forma parte de un sistema estrechamente integrado que incluye lógica de control, controladores propios, vías de comunicación, flujos de trabajo validados y un comportamiento de los operadores consolidado a lo largo de los años. Lo que conserva no es tecnología obsoleta, sino un rendimiento estable y conocido.

En la tecnología operativa, la estabilidad tiene un valor real.

A diferencia de las tecnologías de la información en las oficinas, donde las actualizaciones dan prioridad a la velocidad y la comodidad, los sistemas de planta se rigen por la seguridad, la disponibilidad y la repetibilidad. Incluso los cambios más pequeños pueden tener un efecto en cadena en el sistema, afectando a las comunicaciones de los PLC, la compatibilidad del software o los procesos validados. Lo que parece una simple sustitución puede convertirse rápidamente en una compleja tarea de ingeniería que implique pruebas, reconfiguración y tiempo de inactividad.

Por eso muchas instalaciones no se precipitan a la hora de modernizarse. En su lugar, gestionan el riesgo. Estabilizan lo que funciona, aíslan las vulnerabilidades y prolongan la vida útil de los sistemas que siguen funcionando de forma fiable. No se trata de resistencia al cambio, sino de un cálculo deliberado sobre en qué casos la disrupción introduce más riesgo del que elimina.

Para los gestores de riesgos, los ingenieros y los peritos, esta distinción es fundamental. La verdadera cuestión no es la antigüedad del ordenador, sino lo que depende de él. Porque cuando un sistema heredado falla, el riesgo no se limita al hardware, sino que abarca todo el proceso construido en torno a él, así como el tiempo y el esfuerzo necesarios para restablecerlo a un estado conocido y operativo.

Lo que desde fuera parece anticuado suele reflejar, en realidad, una decisión racional: mantener el rendimiento, controlar el riesgo y evitar consecuencias no deseadas.

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